Por: Diego Chavarría, Gerente de Creatividad


dchavarria@kleinundgross.net

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Si bien la inteligencia artificial es un tema del cual hemos venido escuchando desde hace años, principalmente por la incursión de esta en el cine de ciencia ficción, en épocas recientes ha tomado un mayor auge en la conversación en internet, sobre todo entre comunidades de profesionales involucrados en industrias relacionadas a este tópico, como ingenierías computacionales, innovación tecnológica, industria espacial, servicios, y por supuesto, marketing y publicidad, sobre las cuales comentaremos en esta ocasión.

El internet de las cosas.

Según datos del estudio “Tendencias Digitales 2017” de SM Digital, para el año 2020 se calcula que habrá más de 26,000 millones de objetos conectados a internet en nuestro hogar, oficina, edificios públicos y comercio. Con esto podemos considerar que para entonces el entorno tecnológico contará con millones de terabytes alojados en servidores alrededor del mundo, los cuales representarán casi un 100 por ciento de la data de todo lo que pasa en nuestro planeta y por consecuencia, en nuestras vidas.

Para los más doctos en el tema, la situación actual de esta tecnología puede ser considerada como un desarrollo que aún está “en pañales”, sin embargo, tan solo los que contamos con un teléfono móvil (2,300 millones a nivel mundial, según datos de Statista) a diario le brindamos a la “nube” una cantidad infinita de data a través de nuestro comportamiento en internet como búsquedas, clics, tweets, visitas a sitios, navegación vía GPS, geolocalización, intereses y la lista de variables podría continuar por mucho más.



Ahora, si con estos datos ya nos podemos dar una ligera idea de cuánto le compartimos de nuestra vida a miles de robots en forma de apps, plug-ins, widgets y demás aditamentos en nuestros dispositivos móviles, este número se multiplica al contar y utilizar asistentes virtuales que, cabe decirlo, se hacen cada vez más presentes en nuestra vida diaria. 
 


Siri, Alexa y Cortana, no son los nombres de las cantantes de pop de moda, ni de personajes de Game of Thrones; son los asistentes personales que Apple, Amazon y Microsoft han creado para que tan solo a través de comandos de voz puedan llevar nuestra agenda diaria, sintonizar nuestras estaciones de radios favoritas, revisar información de lugares a visitar, darnos el pronóstico del clima o el resumen de noticias diario, entre muchas otras utilidades.

Una característica que llama la atención en estos dispositivos cargados de IA (Inteligencia Artificial), es que cuentan con la opción de “taparles los oídos”, es decir, en modo normal, estos robots escuchan nuestras conversaciones en casa u oficina para poder brindarnos las mejores recomendaciones y acercarse lo más posible a ser “alguien que nos conoce”; ante esto, las políticas de privacidad han evolucionado al grado de poder volvernos silenciosos para el aparato, lo cual permite que tengamos mayor libertad de conversación. Poco a poco la IA penetra más en nuestras vidas.
Poco a poco la IA penetra más en nuestras vidas.

El caso de Facebook.

Hace un par de meses, dos de los más grandes gurús tecnológicos de los últimos años, Mark Zuckerberg (Facebook) y Elon Musk (Tesla / Space X) se vieron en vueltos en una discusión sobre los riesgos y beneficios de la IA avanzada para la raza humana.

En gran resumen, el creador y fundador de la red social más grande del mundo, Mark Zuckerberg, opinaba que debemos ser optimistas y pensar en todos los beneficios que una IA bien desarrollada podría traernos; por su parte, Elon Musk (una especie de Tony Stark real), refutaba esta idea de Zuckerberg argumentando que el joven multimillonario cuenta con “un conocimiento limitado sobre la materia” y que no comprendía los riesgos reales, incluso hablaba de que estos desarrollos “ponen en peligro a la especie humana” y que más allá de buscar su perfección, debe existir antes una legislación al respecto que regule el uso de IA en diversos ámbitos de nuestras vidas.

Mientras esto sucedía, Zuckerberg y un equipo de expertos programadores, pusieron a correr una prueba de desarrollo de IA, donde se trataba de dos “entes” artificiales que se pondrían a interactuar entre ellos, ambos bajo un papel de agentes negociadores. Tras un periodo de pruebas y de ligeras conversaciones entre ambos modelos, sus creadores detectaron que lo que parecía ser solo un montón de frases sin sentido o aleatorias, se trataba de un idioma encriptado que ambas IA habían desarrollado para agilizar y facilitar su comunicación; una especie de idioma mucho más claro que el inglés.

Ante esta sorpresiva y acelerada “evolución”, el equipo de Zuckerberg decidió desconectar a ambas IA, antes de que tomaran las riendas del proyecto y los mensajes que intercambiaban entre ambos fueran indescifrables.

A pesar de lo ocurrido, Zuckerberg asegura que es un campo muy grande el que aún queda por explorar y las posibilidades son infinitas, siguiendo la línea de este pensamiento positivo contrario al de Elon Musk.

“Ok, computer”

Ahora que sabemos toda la información que compartimos (consiente o inconscientemente) con entidades digitales incorpóreas y dispositivos que caben en la palma de nuestras manos; y que además, fuimos testigos de cómo un sencillo periodo de prueba estuvo a punto de convertirse en algo que no sabemos la cantidad de implicaciones (positivas o negativas) que pudo traer a nuestras vidas, surgen las preguntas: ¿En verdad estamos listos para convivir con otras inteligencias, con otros razonamientos mucho más capaces de resolver problemas altamente complejos, con dispositivos conectados de manera inalámbrica a nuestras mentes y nuestras vidas?


El campo de desarrollo para la IA es sumamente fértil y cada vez son más las compañías globales de distintas industrias que están apostando por desarrollar más y mejor esta tecnología, pero sin duda estamos frente a un elemento que, al saber nosotros que puede desarrollarse y adquirir independencia a pasos agigantados, debemos explorarlo y optimizarlo de manera milimétrica, para de esta forma disminuir los riesgos y aprovechar las bondades que sin duda, la IA podrá brindarnos en un futuro que ya está a la vuelta de la esquina.

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